Sujeto Fabulado I. Notas

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Agotado

Autor: Marcelo Percia

Mucho ya antes de la aseveración de los feminismos “post-humanistas”, Beauvoir advertía sobre la angosta vinculación entre la humanidad y lo masculino: “la humanidad es masculina y el hombre define a la mujer”. Advertencia crítica que no hace sino más bien profundidzar en una ya vieja querella: el feminismo no es una “comunidad de mujeres”. O bien, dicho en otras palabras, el feminismo no es un humanismo. Lejos de las corrientes utilitarias, que apuntan que el feminismo siempre y en todo momento ha sido una forma política para la consecución de determinados fines prácticos que calzan de manera plena con la idea de “individuo” de la tradición liberal, el feminismo busca la transformación de la política moderna y no su adecuación. La transformación implica un punto de fuga, un sitio indeterminado de invención y transformación, cierta negatividad imposible de agarrar en las prácticas ritualizadoras y identificables de la política. Por eso no podamos enmarcar y acotar la apuesta filosófica feminista de Beauvoir bajo las consignas de un “humanismo liberal”. Sin duda, bien podríamos situar al mismo nivel el antagonismo de clases con el feminismo. Puesto que, si el proletariado busca la transformación de todas y cada una de las relaciones sociales, no busca por medio de la lucha de clases su adecuación al orden capitalista, no busca la reificación del “ser proletario” en un planeta postclases, sino, al contrario, busca en la propia acción de clase la disolución de toda clase. De igual modo, el feminismo no busca prosperar la situación de la mujer en la sociedad patriarcal; busca, por sobre todo, la transformación total de las relaciones sociales patriarcales. Y en esa transformación, sin duda, la primera despedida va a ser la “Mujer”. En la estela que deja esta enunciación, es posible aseverar que feminismo no es, no puede ser, un humanismo.