Seducción Y Vergüenza Celos

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Autor: Esborraz Lutereau

Primero el varón se enamora como seductor. Este es el periodo estético, en el que ama la belleza de la mujer y teme perderla, esto es, su deseo se efectúa en los celos. De ahí que el alter ego del seductor es el receloso, en tanto que sufre la idea de que otro le quita los favores de su mujer. Ahora bien, tanto en la seducción como en los celos, es cuestión de la pasividad entre varones. Un seductor puede serlo para no estar celoso; quien padece de celos siente que no puede cautivar a absolutamente nadie (esto es, a otro varón). De ahí que la seducción es particular cuando la practican las mujeres, pues solo desde una situación masculina una mujer puede cautivar a un varón. Los modos masculinos y femeninos de seducción no se corresponden necesariamente con un cuerpo de hombre o bien un cuerpo de mujer. Para la mujer ser seducida acostumbra a provocar un primer instante de rechazo que puede sintomatizarse de diferentes modos; los más propios o bien frecuentes son el asco o bien la vergüenza, lo que puede llegar hasta la inhibición de cualquier intento de establecer un nudo erótico. La fantasía, la seducción, es siempre y en todo momento un acto malvado y el hecho de ser tomado como objeto de un acto malvado es lo que provoca ese rechazo. En la actualidad abundan las “Academias de seducción” para varones. Y no obstante, la seducción es una práctica femenina (desde una situación masculina). Un varón que cautiva siempre y en todo momento puede ser aproximadamente absurdo. Lo mismo ocurre en el momento en que un varón desea generar celos. Causa vergüenza extraña. Las mujeres más seductoras no precisan escuelas, saben jugar con la propia imagen. Celos, seducción y vergüenza son 3 situaciones enlazadas, formaciones intrínsecas de la vida cariñosa. En este libro se las explora por medio de 3 grandes autores de la literatura: Proust, Kierkegaard y Sartre.