Redondos A Quién Le Importa

$740,00

Agotado

Autor: Perros Sapiens

Ricoteros, no ricoteros, aun anti ricoteros, todos acuerdan en que Los Redondos son algo diferente, sin siquiera mucha necesidad de argumentar: es una verdad sensible. Aun los no ricoteros tie- nen su relación personal con la banda. Pues Patricio Rey es muy especial: el efecto exuberante de su presencia sin permiso fuerza al medio a posicionarse en torno suyo de una o bien otra forma. Singular, fundante de especie, mas ¿por qué razón tanta historia con una banda de rock? La propuesta de la banda fue tomada por tumultarias pasio- nes para aseverarse, para pensarse, para agruparse, aun para orientarse, mapear el planeta, realizar una política de olfatos, un régimen de aprecios y enemistades, un régimen donde la estética, el gusto, es un organizador de confianzas y distancias. Y por su parte la banda tomó los nervios y las alegrías que esas multitudes organiza- ron en su fuego como brújula y comestible de su viaje. La especialidad ricotera se patentiza por la fuerza de su presencia, desborde y proliferación; Patricio Rey no compite, no asciende, no conquista: pone a rodar discos de furia festejante, baila en las lla- pero –en llamado– y se marcha. Mas ¿qué hace a esa especialidad? ¿Por qué razón los Redondos son los Redondos? Los misterios no pueden re- solverse, mas pueden convertirse en misterios mejores. Los Redondos, celebración y resistencia, chorrearon todas y cada una de las temporadas, los setenta, los ochenta, los 90; rompieron en dos mil uno y su desborde se confunde con el de una era política en Argentina.?Fueron un campo sensible: laboratorio, factoría y campo de entre- namiento de inquietudes estéticas y políticas disidentes. Con su música, sus oraciones, sus imágenes y sus recitales, Patricio Rey apa- drinó un carnaval subterráneo para subsistir la dictadura, una celebración colérica para atravesar el retorno democrático, y un escep- ticismo fértil que habitó el agotamiento de la representación sin abulia ni nihilismo; un raje, siempre y en todo momento, del orden del día. Ese raje, tan singular, abre una perspectiva desde la que leer nues- tra historia, rememorar lo eterno, disputar el presente. No hay un día donde por la calle en esta urbe no suenen los Redondos. Redon- 2, una celebración donde decir nada es cierto salvo nuestro grito, este grito que engloba el universo. Aguante y creación, mapa del planeta y orientación en el desastre: sin astros, desconfiados de cualquier ídolo, bailando los propósitos de nuestro dios pagano, Patricio, esta realeza del .