La Ciudad Dividida

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Agotado

Autor: Nicole Loraux

¿Es el olvido un requisito de la reconciliación, es quizá preciso olvidar para formar una nación unida? Nuestra temporada da, según parece, una contestación concluyentes, haciendo de la memoria el antídoto del mal: "conocer la historia para no repetirla", se afirma, y se imputa al olvido las nuevas manifestaciones de la maldad humana. No obstante, en el año cuatrocientos tres ya antes de nuestra era el olvido fue la base de la estrategia ateniense orientada a restituir la unidad de la urbe. Atenas -urbe política por antonomasia, allá donde la política "fue inventada"- escogió el olvido al término de una guerra civil que dejó a los demócratas reanudar el poder, y también hizo prometer a los ciudadanos que "no recordarían los males del pasado", que absolutamente nadie volvería sobre el pasado, ni recordaría a los fallecidos ni las violencias de la guerra. Es ese instante y esa circunstancia lo que está en el centro de la interrogación de Nicole Loraux en esta obra: ¿es preciso olvidar para reconciliarse y formar una nación unida? ¿Cuál es el buen empleo de la memoria? ¿Qué era lo que verdaderamente deseaban olvidar los atenienses? ¿De qué modo este enfrentamiento entre memoria y recuerdo es central en la democracia? Al dictaminar la necesidad del olvido, los atenienses, sugiere Loraux, no desearon hacer tabla rasa sino más bien, ya antes bien, lanzaron de forma negativa una convidación al recuerdo: los enfrentamientos pasados, objeto de una suerte de tabú, fomentaron el vínculo entre los ciudadanos. ¿Se debe entonces fingir el olvido para hacer un buen empleo de la memoria? Dicho de otro modo: ¿sería el tabú más eficiente que la celebración oficial?