Fantasías Fundamentales.

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Autor: Luciano Lutereau

Vivimos en un planeta de fantasías. Las actuamos, nos defendemos de ellas. Una de las más importantes: la de seducción. Todo el tiempo cautivamos. Al charlar se cautiva. Contar una desgracia puede ser un modo de cautivar, asimismo hacerse el imbécil. Y el secreto de la seducción es que se cautiva activamente para eludir ser seducido. Es decir: más seductor es alguien, más pasivo es en el inconsciente. Lo prueban los varones que se hacen los galanes, y después de la conquista pierden el deseo; tanto como las mujeres que “van al frente”, mas en la amedrentad son muy inseguras. Pues con respecto a la seducción solo se puede tener una situación pasiva; eso desea decir que el seductor por antonomasia sea el padre. El Patriarcado es una fantasá. No es la belleza la que une los cuerpos, sino más bien la fantasía de seducción que, en el varón y la mujer, tiene 2 elementos: por una parte, la mujer no admite la seducción, mas al rechazarla se declara seducida; por otra parte, el varón se asevera como seductor cuando la mujer se le niega, su deseo es suministrar al modo en que lo capa. La castración enciende el deseo de la seducción. Y no guarda relación con la histeria: una mujer puede negar la seducción, para estimular al seductor, y no de ahí que “histeriquear”. Son cosas diferentes. Las formas de querer dependen de de qué forma se relacionen actividad y pasividad. Masculino es el deseo en el que la actividad compensa la pasividad, y es activo para no ser pasivo, mientras que la pasividad es su condición. De ahí que los varones acostumbran a hacer rechistes homofóbicos o bien misóginos. En la femineidad, actividad y pasividad no se compensan sino se influyen recíprocamente: femenino es el deseo activamente pasivo (de la que busca una seducción que rechaza) o bien pasivamente activo (de la seductora que se inhibe). El deseo femenino tiene más posibilidades. Cada una de esas posibilidades es una fantasía concreta.