Andanzas Por Los Mundos Circundante

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Autor: Jakob Johann Von Uexkull

Quizás no haya habido, en la historia del pensamiento del siglo que pasó, un libro tan leído y “agenciado” como propio por los pensadores. Y esto se vuelve todavía más notable por el hecho de que se trata de un libro escrito por un no-pensador. De hecho, estas “andanzas”, del etólogo estonio-alemán, fueron festejadas por sus contemporáneos Cassirer, Heidegger, Husserl, Ortega y Gasset, entonces por Merleau-Ponty, Canguilhem, etcétera, más cerca por Deleuze, Lacan, Sloterdijk, Agamben, Latour. Andaduras que describen los mundos animales, mas no desde el sujeto humano como referencia primera y última, sino más bien a partir de sí. ¿De qué manera es posible? Solo por medio de la invención de un término, el de planeta circundante, el que implica un enorme esmero por aprender objetivamente, y no antropológicamente, la existencia y la vida de los animales. La distinción clave es entre los mundos circundantes, esas especies de burbujas donde cada ser es rey, territorio donde siempre y en toda circunstancia resulta triunfador, donde el animal actúa y percibe con arreglo al plan de la naturaleza; y el ambiente más extenso, en el que generalmente nos perdemos en una señalética profusa y confusa, donde el signo se escinde de la cosa, y donde al fin y al cabo siempre y en todo momento perdemos, perdemos nuestro planeta circundante. Las consecuencias de este término son inestimables, y sobrepasan el enorme golpe que en su tiempo significó, como una parte de la batalla que libraba la biología contra la fisiología y el evolucionismo. De ahí que el furor de los pensadores. Mas asimismo las infinitas derivas ético-políticas de atisbar, por poner un ejemplo, las andaduras de una pequeña garrapata: Toda la riqueza del planeta en torno de la garrapata se contrae y transmuta en un cuadro menesteroso, que consiste primordialmente de apenas 3 signos perceptuales y 3 signos efectuales –su planeta circundante–. La pobreza del planeta circundante, no obstante, garantiza certidumbre en el obrar, y la certidumbre es más esencial que la riqueza.