Robert Delaunay

$690,00

Últimos 10 disponibles!

Autor: Pierre Francastel

Robert Delaunay, pintor de oficio, deseó redactar un libro, jamás lo terminó: este es el libro que deseó redactar Robert Delaunay. Este silogismo que semeja paradójico, retorcido, espirálico, brota sin embargo como una patentiza al recorrer esta sesión de papeles efectuada por Pierre Francastel. Estos papeles recobrados, hasta el día de hoy nuevos en español, reflejan anotaciones de Delaunay sobre su obra, sobre las reflexiones de su amigo el versista Apollinaire sobre el cubismo y su devenir, como conversaciones con sus colegas y pupilos y hasta un proyecto para un museo de arte inobjetivo. Si como afirma Souriau no hay obra de arte que no sea "obra por hacer", dar con estos fragmentos de escritura no debe llevarnos al lamento por una presunta "falta" de unidad sino más bien a comprobar la busca de un estilo de escritura por fragmentos, aforismos, por pinceladas y toques, donde quizás el pintor que escribe sienta la necesidad, inconsciente, de hacer acontecer algo de la pintura en la escritura. Una escritura adoquinada. La obra de Robert Delaunay (que va a dueto con la de Sonia, su esposa) expresa el punto más alto de una mutación central en las artes plásticas (cuyo devenir plástico examina Jean-Clet Martin en el prólogo), cara lo sintético, lo simultáneo, lo inobjetivo. Mutación que se expresa trasversalmente en todos y cada uno de los campos en ese comienzo de siglo veinte, que tenía sus precursores "en nuestro revolucionario Delacroix, del que somos nietos", y "en el obstinado Cézanne". Mutación que lleva a la luz y al color a su sitio principal, al sitio formal, que crea formas y ritmos. Mas la busca de los Delaunay, si bien anotada en un estirpe, va a ser una rotura radical con los viejos medios de expresión (las viejas escuelas, mas asimismo el cubismo, el futurismo, el neoimpresionismo, la abstracción geométrica), va a ser la creación de nuevos medios. De allá el mote "inobjetivo" que busca desmarcar del río de la abstracción el afluente con más carga de porvenir: aquel impulsado por la luz y el color.